28 de marzo de 2014

Tiwanaku: Centro espiritual del altiplano andino (Bolivia)

Monolito Ponce
Texto: Alex Guerra Terra. Fotos: Eduardo Pi Peret. Muy cerca del mítico lago Titicaca y de la enigmática puerta a la ciudad de los espíritus, Amaru Muru, la urbe de Tiahuanaco sigue siendo uno de los sitios arqueológicos más misteriosos de América y quizá del planeta. Sus cientos de ciclópeos bloques labrados de una exquisitez inimaginable y sus puertas que parecen hechas para gigantes, son parte de un pasado que esconde aún infinidad de secretos que arqueólogos e investigadores de lo insólito no han podido desvelar debido en parte al impune expolio del lugar antes de su llegada. Os invitamos a un paseo por los más remotos y enigmáticos orígenes de América. Situada en la margen oriental del río Tiwanaku, a 15 kilómetros hacia el sudeste del lago Titicaca del lado boliviano, Tiwanaku, o Tiahuanaco, fue una de las ciudades pre-incas más antiguas e importantes de toda Sudamérica, y sin duda el centro espiritual de la cultura tiahuanaco. Sin embargo nada más llegar al sitio, vemos con cierta decepción un terreno yermo que no parece la cuna de una gran civilización. Pero no era así antiguamente, y al encontrarnos con las gigantescas estructuras que lo conforman, sentimos la poderosa influencia que hace milenios poseyó, y que llegó hasta el sur del actual Perú, el noreste de Argentina y el norte de Chile, abarcando nada menos que 600.000 km2. Según Alan Kolata, arqueólogo norteamericano que realizó excavaciones en el sitio durante los años ochenta y principios de los noventa, la ciudad llegó a albergar a 115.000 habitantes, junto con otros 250.000 en los campos circundantes. Pero uno de los más controvertidos misterios de Tiahuanaco, es el de su cronología. Aunque las cifras oficiales la sitúan en algún momento hace 4.000 años, algunos estudiosos proponen fechas mucho más remotas. Lamentablemente, al momento de la llegada de los arqueólogos, el sitio ya había sido expoliado tanto en tiempos de los incas, como de la colonia y la era moderna,  por los temibles huaqueros o buscadores de tesoros, quienes dejaron de la ciudad un maltrecho esqueleto, apenas un triste despojo de su antiguo esplendor, que ha impedido realizar una interpretación completa de tan enigmática cultura. Pero a pesar de la degradación a la que fue sometida, uno no puede menos que sobrecogerse al llegar a ese páramo desnudo, sin árboles ni arbustos, ante la visión de tan increíble despliegue de enormes estructuras pétreas con bellísimos bajorrelieves que componen el Templo de Kalasasaya, el Templete Semisubterráneo, la Pirámide de Akapana, la Puerta del Sol, los misteriosos monolitos antropomorfos, y como no, la fascinante Puma Punku. Música
Templo de Kalasasaya
Templo de Kalasasaya. El “Templo de las Piedras Paradas” (“kala”, piedra y “saya”, parado) es un inmenso marcador de fenómenos astronómicos, donde sus antiguos habitantes verificaban con exactitud los cambios de estaciones y el año solar de 365 días. En ambos equinoccios, el Sol nacía por el centro de la puerta principal,  característica por la magnífica escalinata que la precede, y en los solsticios, lo hacía por el ángulo noreste y sureste del muro. Me cuenta un lugareño, que este muro es conocido como "chunchukala", o "pared balconera", y se caracteriza sobre todo porque de ella sobresalen unas extrañas gárgolas, desagüe para las aguas de lluvia. El interior alberga los restos de lo que fueron pequeñas habitaciones semi-subterráneas, y en uno de los muros, otro elemento curioso: dos bloques en los que se observa un orificio que imita, a escala, un aparato auditivo humano, mediante el cual se pueden escuchar sonidos o conversaciones que se producen en sitios muy lejanos. Estos amplificadores del sonido, nos permiten deducir que también aquí, como en otros lugares del mundo precolombino y alrededor de todo el planeta, se conocía y aplicaba la acústica. Es en este recinto donde se halla el enigmático Monolito Ponce, que exhibe finos grabados iconográficos tallados en bajorrelieve, representando hombres alados, peces, cabezas de puma o de camélidos, cóndores, águilas y símbolos escalonados, al más puro estilo tiahuanacota. Sin embargo, el arqueólogo boliviano Carlos Ponce, quien le dejó su nombre, al desenterrarlo observó una cruz tallada en el hombro derecho del monolito, signo inequívoco dejado por colonizadores españoles. No lejos de allí, se halla el Monolito El Fraile (antes transportado a una plaza de La Paz, pero restituido a su sitio original hace algunos años), o “Dios del Agua”; una pieza más tosca, labrada en arenisca y sin adornos, que representa a un enigmático personaje con un báculo y un k’ero en las manos, con cangrejos representados en su faja ventral.
Parte posterior de la Puerta del Sol
Puertas del Sol y la Luna. Es tal vez uno de los elementos más impresionantes de Kalasasaya. Espléndida incluso hoy en día, se cree que las hornacinas de la parte trasera de esta gran portada, estaban en sus tiempos de esplendor cubiertas de paneles de oro que giraban sobre puntas de bronce, siendo el conocido investigador y visionario Arthur Posnansky, uno de los precursores de esta idea. Su decoración es exquisita, y en ella sobresale la figura principal de un personaje en alto relieve denominado "Señor de los báculos" o "Dios Sol", alrededor del cual hay 48 figuras en bajorrelieve representando seres alados y hombres arrodillados, y debajo de ellos, "trompeteros", que probablemente marcaban los movimientos solares. Al acercarnos a esta gran pieza monolítica de durísima andesita, es imposible no intentar adivinar cómo fueron los antiguos tiahuanacotas, capaces de semejante proeza. La puerta tiene ¡3 metros de alto! y 4 de ancho. ¿Para quién o para qué construyeron estructuras tan gigantescas? ¿Cómo levantaban aquellos enormes bloques? Desde luego, parecen construidas para seres algo más grandes que los actuales humanos.

Ya fuera de Kalasasaya, se erige otra gran puerta: la Puerta de la Luna, que es un monumento impresionante aunque más pequeño que el anterior, de 2.23 metros de alto, un arco monolítico también de andesita, con grabados en alto y bajorrelieve de motivos zoomorfos similares a los de la Puerta del Sol, pero con una cabeza de puma y una boca de pez, y no cabezas de aves como en aquella. Al parecer, su emplazamiento original era al ingreso del cementerio, pero posteriormente fue trasladada a su actual ubicación, en una elevación cerca del Putuni. Los guías comentan que está orientada según los puntos cardinales, y que marca los solsticios; sin embargo, me pregunto: si fue movida de su sitio original, ¿habrá conservado su orientación antigua?
Cabezas clavas del Templete Semisubterráneo
Misteriosas cabezas clavas. El Templete Semisubterráneo es una de las más acabadas realizaciones arquitectónicas de la época de esplendor de Tiahuanaco, construido en sillares de arenisca roja, a más de 2 metros por debajo del nivel del área circundante. Encierra uno de los más interesantes enigmas tiahuanacotas: 175 cabezas de piedra caliza que sobresalen de sus muros, todas absolutamente distintas entre sí, con extraños rasgos que corresponden a diversas etnias de lugares remotos. ¿Por qué? Lo cierto, es que no existe una explicación satisfactoria, pero usando la lógica, este elemento podría estar hablándonos claramente de la tan controvertida teoría sobre la llegada a la zona, de culturas lejanas muy anteriores a las aceptadas por la ortodoxia. Un enigma, que hasta que no aceptemos que el dato empírico no lo es todo, no podremos resolver. Dentro de este recinto, dirigiendo nuestra vista al suelo, vemos una prueba más de la destreza de estas gentes como ingenieros y arquitectos: unos canales de piedra, que constituyen un sistema de drenaje con un perfecto declive del 2% que aún funciona en la actualidad. Es también en el Templete donde originalmente se hallaba la mayor pieza antropomorfa encontrada en Tiwanaku: el Monolito Pachamama, más conocido como Estela Bennett, hoy exhibido en el Museo Regional Arqueológico de Tiahuanaco; una pieza gigante, de nada menos que 7.30 metros de alto y unas 20 toneladas de peso. Contrastando con la perfección de la Estela Bennett, se encuentra en el Templete el Monolito Barbado o KonTici Wiraqocha (“Señor de las Aguas”), un ser barbado y vestido de larga saya, cuyas características caucásicas son cuanto menos extrañas.
Templete Semisubterráneo
Monolito Ponce y Templo Kalasasaya
Pirámide de Akapana. Seguimos caminando por esta tierra de gigantes, y nos encontramos con una imponente estructura piramidal de 7 terrazas escalonadas y 18 metros de altura. En su cima, de acuerdo a las crónicas, existían bellas edificaciones. Pero todo aquello está perdido. Ahora, debido a la constante historia de expolios ya comentada, poco podemos ver del antiguo esplendor de Tiwanaku. Es probable que esta parte de la ciudad haya sido construida por muy diferentes manos, y en diferentes etapas. Parte de sus muros revestidos con piedra almohadillada y sillares de bloques canteados en perfecto corte, así lo atestiguan, y se componen además de una piedra que proviene de muy lejanas canteras, lo que aún supone un desafío para los especialistas, que no pueden explicar a ciencia cierta cómo pudieron ser transportadas.

Puma Punku. Muy cerca de la urbe principal de Tiwanaku se halla la enigmática Puma Punku. Sus característicos y misteriosos bloques de piedra con encajaduras donde cabían cerrojos de bronce en forma de “T”, y grapas y anillos de cobre arsenical utilizados para la unión de los mismos, no nos dejarán indiferentes. Esta estructura piramidal, presenta una técnica de mampostería tan depurada, tan perfecta, tan evolucionada, que desafía aún más si cabe nuestro entendimiento. Lamentablemente, el monumento fue objeto de un saqueo inmisericorde desde la época de los incas, hasta la colonia y la República, que lo dejó aún más despojado que el centro urbano de Tiwanaku. Aquí, como en las estructuras anteriores, las redes superficiales y subterráneas para la gestión del recurso acuífero y eliminación de las aguas pluviales y servidas sobrantes, nos demuestran la gran destreza de los antiguos ingenieros tiahuanacotas. 
Monolito El Fraile
Las mejores minas de estaño. Se cuenta que antaño enormes planchas de metales preciosos cubrían las fachadas con sus bajorrelieves, centelleando bajo el sol fulgurante de la región. Un sol, cuya importancia conocían muy bien los antiguos constructores, orientando hacia él con precisión asombrosa sus monumentos para predecir solsticios y equinoccios que manejaban su vida cotidiana. Los diestros arquitectos y orfebres, y los sabios sacerdotes, no descuidaban detalle de este gran centro. Además de los famosos k’eros (vasos cerámicos ceremoniales), los huaco-retratos (retratos tridimensionales de rostros humanos representados en las vasijas cerámicas) y textiles (que podemos ver en el Museo Regional de Tiahuanaco), los tiahuanacotas conocieron y trabajaron el bronce (aleación de estaño y cobre), lo cual les dio una gran ventaja tecnológica y militar con respecto a sus vecinos. Para ello necesitaban estaño, que extraían del lecho del lago Titicaca. Fue Arthur Posnansky quien encontró las antiguas minas a 10 km de Tiahuanaco, escribiendo en el cuarto volumen de su tratado sobre la minería del lago: “En las estribaciones montañosas del Altiplano, se han encontrado cavernas o túneles abiertos por sus antiguos pobladores con el objeto de proveerse de metales útiles.” Actualmente, Bolivia es el principal abastecedor de estaño del mundo. Considerado un mineral raro, sólo puede encontrarse en Malasia, Tailandia, Bolivia, Congo-Brazzaville, Nigeria y China. Las fuentes más antiguas como las de Oriente Próximo y Europa, se han agotado, y en la actualidad, sólo en dos lugares se pueden hallar los filones originales: Inglaterra y Bolivia. El primero, agotado, mientras que el último, sigue abasteciendo al mundo entero desde sus hermosas montañas que parecen ser en realidad, verdaderas “montañas de estaño”.
Cabezas clava y Templete Semisubterráneo
Ninti, la diosa sumeria. Algunos investigadores, encabezados por Erland Nordenskiold, aseguran que toda esa tecnología metalúrgica provenía de Europa. Varias de las herramientas examinadas, poseían mangos modelados con la cabeza de la diosa sumeria Ninti, con las cuchillas umbilicales gemelas que tenía por símbolo la que sería también la “Señora de las minas” del Sinaí. Si a ellos sumamos el extraño hallazgo de un monolito con inscripciones sumerias, nos encontramos ante un enigma que de momento, no ha podido ser desvelado. Nos referimos al monolito Pokotia, hallado el 2002 por un arqueólogo en las inmediaciones del lago Titicaca (hoy en el Museo del Oro de La Paz), con inscripciones que coinciden en un 60% con las escrituras de Mesopotamia. Además parecen haber similitudes entre el aymara, el quechua y el sumerio. La Fuente Magna, una pequeña vasija de piedra hallada también en el lago, muestra en su parte externa, grabados de figuras zoomorfas claramente tiahuanacoides. Sin embargo, en su interior, presenta incisos de dos escrituras diferentes: el quellca (lengua de la antigua Pukara, cultura precursora de Tiahuanaco), y una lengua antigua similar al sumerio y al acadio. El problema radica, como en otros casos, en que cuando el objeto, considerado hoy un OOPART, empezó a ser estudiado, había pasado 40 años olvidado en el depósito del Museo del Oro de La Paz (hoy en exhibición), y ya no se sabía a ciencia cierta su verdadera procedencia. Son sin lugar a dudas dos piezas inquietantes, pero descontextualizadas, por lo que es difícil acercarnos a su historia. Quién sabe, si en las excavaciones subacuáticas comenzadas este año en el lago, los arqueólogos extraen otros materiales que consigan esclarecer este y otros enigmas en torno a la cultura Tiahuanaco.
Monolito Ponce
Proyecto Huiñaimarca. El lago Titicaca ya había sido explorado en sus profundidades, pero en la actualidad está siendo por primera vez objeto de un novedoso y ambicioso plan de arqueología subacuática dirigido por equipos de Bélgica y Bolivia, que tratará de revelar algo más de sus fascinantes enigmas. Por lo tanto no será difícil si realizáis una visita, encontrar buzos trabajando y sacando a la luz olvidadas piezas del fondo del lago, considerado sagrado por diferentes culturas precolombinas. El pasado mes de febrero de 2013,  ya habían sido identificados grandes muros domésticos, y los investigadores destacaban entonces que el medio acuático había conseguido mantener el material en muy buen estado de conservación, debido a la falta de luz y oxígeno, y a la temperatura constante. Esta circunstancia, y el hecho de que se calcula que casi 600 kilómetros cuadrados de territorio de Tiahuanaco aún yace bajo sus aguas, animó a esperar que estas investigaciones aportaran nuevos e interesantes datos al pasado de esta antigua y desconocida cultura. A poco tiempo de la publicación del presente texto, miles de piezas fueron extraídas del lago, que corresponden a un rango de 2.500 años de historia. Vasijas de cerámica, piedra tallada, restos óseos, y láminas de oro que bien pudieron conformar el revestimiento de alguno de los bajorrelieves de Tiahuanaco, son algunas de las piezas encontradas. Según Christophe Delaere, el director de las excavaciones, aún queda mucho trabajo por realizar, pero las dataciones, cuya antigüedad podría retrasar la presencia de la cultura Tiahuanaco en la zona, se esperan con gran expectación ya que constituyen una información, que posiblemente nos podría cambiar el punto de vista sobre esta antigua cultura.
Cabezas clava
Centro del Saber. Tiahuanaco irradia cultura, allí se concentraba el saber y el dominio de la ciencia, y se amaban y amparaban las bellas artes, y a pesar del estado apocalíptico en el que se encontraron sus ruinas, es posible imaginar, a nuestro paso por los ciclópeos y enigmáticos monumentos, la gran civilización que allí se desarrolló durante milenios, tal vez tres, o muchos más si somos capaces de seguir hurgando en su pasado para lograr interpretar una cultura, que sin duda sigue siendo una gran desconocida.

Los pumas de piedra. Cuentan las leyendas que las profundidades del lago Titicaca eran un paraíso donde vivían en paz y armonía personas de nobles corazones que no conocían la maldad y donde sólo reinaba la felicidad, la alegría y el amor. Los dioses se sentían también felices, y los hombres para garantizar su libertad, sólo debían cumplir una condición: no subir la cima de las montañas donde ardía el fuego sagrado. Un día un ser maligno se presentó en el lugar y provocó la tentación a los habitantes, y se las ingenió para dividir a los hombres sembrando la discordia, pidiéndoles probar su coraje subiendo a buscar el fuego sagrado a la cima de las montañas. Ellos lo hicieron, lo que les hizo caer en el pecado, generándose la maldad. Más adelante comprendieron que habían desobedecido a los dioses y decidieron exterminar a los pecadores. Miles de pumas salieron de las cavernas para devorarlos. El dios Inti, o Viracocha, al ver que los habitantes habían cometido su primer pecado, lloró y sus lágrimas inundaron el valle, formando el lago. Sólo un hombre y una mujer llegaron a salvarse sobre una barca de junco, cuando el sol volvió a brillar. Bajo el cielo azul y puro, vieron flotar a los pumas ahogados y transformados en estatuas de piedra. Desde entonces el lago Titicaca, de acuerdo a esta leyenda, es conocido como “el lago de los pumas de piedra”.
Templete Semisubterráneo
Mundo de los Espíritus. No muy lejos del centro urbano de Tiahuanaco, en la margen peruana del lago Titicaca, se halla el mítico portal de Amaru Muru, o Hayumarca. Es la “ciudad de los espíritus”, una gran roca perfectamente pulida que fue esculpida en épocas antiguas en las partes laterales hasta asumir la forma de un enorme portal de 7 metros, en cuyo centro hay una sección hueca sin salida, suficientemente amplia para que se introduzca una persona, la cual, según las creencias de los aymara, conduce al mundo de los espíritus. Cuentan que en la segunda mitad del siglo XIX, un hombre de origen aymara que había escuchado los relatos de los viejos chamanes, estaba convencido que dentro de la misteriosa puerta se había escondido en el pasado un poderoso disco solar de oro. Después de conseguir llegar hasta la puerta y entrevistarse con los lugareños, encontró que sus relatos coincidían con los escritos por los conquistadores, quienes habían llegado en el siglo XVI, y al darse cuenta que la gente la adoraba, divulgaron la idea de que era una superstición pagana y que su adoración llevaba sólo al infierno, razón por la que algunos campesinos la llaman “puerta del diablo”.
Templo Kalsasaya y detrás, monolito Ponce
El sacerdote Amaru Muru. Según las tradiciones orales de los chamanes del lago Titicaca, Amaru Muru era un sacerdote inca que, para evitar que los conquistadores españoles se apoderaran del gran disco solar de oro que estaba custodiado en el templo del Coricancha, en el Cusco, lo tomó y se lo llevó lejos, escondiéndose durante años en las montañas. Finalmente, llegó al portal, lo atravesó, y entró en otra dimensión llevándose consigo el disco solar de oro, para preservarlo así de la furia saqueadora de los conquistadores. Los habitantes del lugar, dicen que es la entrada al “Templo de la Iluminación de los Dioses Merú” o “Hayu Marca”, y cuentan extrañas historias sobre esta puerta. Algunas tardes, dicen, se hace semi-transparente, dejando entrever una ciudad iluminada. También cuentan que al tocar con ambas manos los lados interiores del marco de la puerta de piedra y apoyando la cabeza en una hendidura que hay en ésta, se pueden percibir extrañas sensaciones tales como la visión de fuego, melodías musicales e incluso la visión de túneles que atraviesan la montaña. Consideran al lugar como una puerta en sí, y al hombre como la llave, el cual puede pasar por ella cuando entra en sintonía con el sol. Pero lo cierto es que, de los cientos de personas que han intentado percibir estos fenómenos, sólo unas pocas consiguieron, según dicen, notar alguna de las sensaciones anteriormente descritas.

El Inka Dose Capaca. Según la leyenda aymara, el nombre de Tiahuanaco surgió cuando el Inka Dose Capaca, el "sariri", estando en la ciudad, vio llegar a lo lejos a un emisario corriendo velozmente. El Inka fue a su encuentro y viéndole cansado le dijo "Tiai, wanaku" lo que significa "siéntate, guanaco". A partir de ese momento, la ciudad pasó a ser conocida como Tiwanaku, que mediante la evolución de la etimología de las palabras a través de su uso, pasó a tener el nombre con el que nosotros la conocemos: Tiahuanaco. Sin embargo, algunos investigadores sostienen que la palabra proviene de “Intiwa Wan Hake”, que significa “La ciudad de los hijos del Sol”.
Enlaces de interés: 
Reanudan excavaciones en Tiwanaku (Bolivia Jun 2014)
Huiñaimarca: Presentan piezas recuperadas en el fondo del Titicaca (Bolivia Oct 2013)
Bolivia y Bélgica impulsan plan de arqueología subacuática en el lago Titicaca (Bolivia May 2013)

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