3 de julio de 2014

Valle de Bamiyán, Afganistán: Crisol de culturas

Bamiyán en la actualidad, con el hueco dejado por el Buda más grande
Kabul: 5.000 años de historia. Agreste y bella a la vez, la República Islámica de Afganistán (Dowlat-e Eslami-ye Afghanestan, o “Tierra de los Afganos”), consiste en un coloso de montañas y desiertos en la parte más occidental de los Himalayas: el Hindu Kush (“matador de hindús”), barrera recortada de 960 km de longitud y cumbres que exceden todas ellas los 6.000 metros. Hoy inhóspito y desolado, acogió sin embargo una de las más ricas encrucijadas culturales de la Historia de la Humanidad en la que hoy se hablan más de setenta dialectos, además de los dos idiomas oficiales: el pashtu y el dari. A principios del siglo XVIII, a su capital, Kabul (antigua Ortospana), se la consideraba una de las ciudades más cultas y hermosas del mundo, pero a partir de entonces sufrió severas destrucciones por sucesivas guerras, movimientos políticos e invasiones extranjeras que la devastaron. La ciudad de Kabul se encuentra a unos 1.800 m.s.n.m., lo que la convierte en una de las capitales más altas del mundo. Se encuentra estratégicamente situada en un valle rodeado por altas montañas y siempre fue una encrucijada de rutas comerciales desde el norte hasta el sur. No sólo es atractiva por su impresionante arquitectura, sino también, y sobre todo, por las tradiciones y costumbres, vivas aún en sus habitantes. Un paseo por la ciudad es como viajar en el tiempo y trasladarnos a más de cinco mil años de historia. Fue una vez centro del zoroastrismo y también hogar de budistas e hindúes. Es, en definitiva, una bella área cosmopolita, que guarda una rica colección de piezas de estas diversas culturas en su Museo Nacional de Kabul y en los múltiples palacios de sus alrededores como el Palacio Darul Aman, construido en el año 1920 por petición del Rey Amanullah (reconstruido en varias ocasiones) y el palacio de verano de Amir Abdur Rahman, el Bagh-e Bala, que data del siglo XIX y se halla muy bien conservado. Texto: Alex Guerra Terra. Utancindan Yikilan Buda - Buddah Collapsed Out of Shame (Película, 2007)
Bamiyán en la actualidad, con el hueco dejado por los Buda
Babur, fundador del Imperio Mogol de la India
Árabes, hindúes, mogoles, persas, británicos, soviéticos, americanos… El siglo VII vivió en Kabul un intento de conquista árabe, pero en esta ocasión fueron derrotados por el shahi hindú de Kabul. Sin embargo hacia el siglo XI, el área sería conquistada por Mahmud de Gazni, cuando el shahi hindú Jay Pala decidiera suicidarse. Fue una época bastante oscura para la zona, hasta que Babur, fundador del Imperio Mogol de la India, lo hizo su capital en 1504. Kabul permaneció bajo el Imperio Mogol hasta su captura en 1738  por Nader Shah de Persia seguida por Ahmed Shah Abdali. Fue sucedido por Qandahār como capital de Afganistán en 1776. Durante las Guerras Afganas en 1839, el ejército británico se hizo cargo de Kabul y durante su retirada en 1842, las tropas fueron emboscadas y por poco aniquiladas, pero en  1879 los británicos volvieron a ocupar la ciudad. En 1979 las fuerzas armadas soviéticas aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de Kabul en ayuda al gobierno comunista y Kabul se convirtió en el centro de comando soviético por aproximadamente 10 años. En febrero de 1989, las fuerzas soviéticas se retiraron de la ciudad después que fueron derrotados por los muyahides afganos, que toman la ciudad en la primavera de 1992 durante el colapso del gobierno de Mohammad Najibullah. En 1996, los talibanes se hicieron cargo de la ciudad y comenzó una nueva y estricta ley Islámica Sharia en la que se incluye escuelas islámicas, gobierno, vestimenta, alimentación, y reclutamiento en Al Qaeda, impactando diariamente la vida del pueblo afgano. En 2001 son las fuerzas militares estadounidenses que controlan la ciudad de Kabul, y las fuerzas talibanas huyen desde entonces. Kabul está bajo un nuevo régimen, y lentamente ha comenzado con la reconstrucción de nuevos edificios, escuelas, y universidades. Es la víctima de los talibanes, el supuesto escondite del fallecido Osama Bin Laden, el punto de mira de los ataques a las torres gemelas. Por lo sucesivos ataques, la ciudad ha quedado en un estado lamentable. En la actualidad se encuentra en proceso de reconstrucción gracias a la ayuda internacional.
Bamiyán: un paisaje de gran e inconmensurable belleza a pesar de la extrema aridez
El Buda masculino o Salsal, antes de ser destruido en 2001
La Ruta de la Seda: Bamiyán. A las afueras de la ciudad de Kabul, a aproximadamente 230 kilómetros de la misma (media hora de avión, ya que por tierra es impensable la travesía, por peligrosa), el valle de Bamiyán está ubicado en la región de Hazarajat, entre las montañas de Hindu Kush, a 2.500 m.s.n.m., en la antigua Ruta de la Seda, una ruta de caravanas que unía China e India, permitiendo enlazar los mercados chinos con los del mundo occidental. Fue el lugar donde se emplazaron varios monasterios budistas, y un gran centro para la religión, la filosofía, y el arte llamado greco-budista. Los monjes de los monasterios vivían como ermitaños en pequeñas cuevas talladas a los lados de los acantilados de Bamiyán, y muchos de ellos embellecieron sus paredes rocosas con estatuas religiosas de diferentes tamaños y con frescos tan brillantemente coloreados como los de los monasterios.
 El peregrino budista chino Hsüan-tsang (Xuanzang) pasó a través del área alrededor del 630 d.C., y la describió como un próspero centro budista “con más de diez monasterios y más de un millar de monjes”, anotando que los Budas estaban “decorados con oro y finas joyas”. Las dos estatuas más notables fueron los Budas gigantes de a pie, que medían 55 (Vairocana, conocida por los lugareños como Salsal o Buda masculino, con 12 metros de fondo) y 37 metros (la “pequeña” Sakyamuni, conocida por los lugareños como Shahmama o Buda femenino, con 2 metros de fondo). Considerados monumentos históricos durante muchos años, fueron reconocidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en el año 2003, denominándolo “Paisaje cultural y vestigios arqueológicos del Valle de Bamiyán”.
El hueco dejado por el Buda masculino o salsal, después de su destrucción en 2001
Buda femenino o Shahmama, antes de su destrucción
Los Budas de Bamiyán. Máxima expresión del arte Gandhara de Asia Central (nacido en Afganistán y el norte de la India, actual Pakistán), se encontraban en este valle dos enormes estatuas de Buda, en su día coloreadas de azul, blanco y rojo, pintadas y repintadas en varias ocasiones de diferentes colores, antes de la conversión de la región al islam. Consideradas maravillas del mundo, estaban esculpidas directamente sobre la roca arenisca, aunque algunos detalles fueron modelados en barro mezclado con paja, y bañado todo ello con estuco para acrecentar la expresión de los rostros, manos y vestiduras, y adornado en la antigüedad, según los viajeros, con oro y piedras preciosas. Además, algunos ancianos que pasaron su vida en el valle, habitando las cuevas de los alrededores, aseguran que antaño los ojos del Buda más grande, estaban decorados con dos enormes piedras azules que brillaban en las noches como dos luceros, hasta que un día fueron extraídas según ellos por unos ladrones. Cuando Mahmud de Ghazni conquistó Afganistán en el siglo XII, los Budas y frescos fueron salvados de su destrucción. Incluso, sobre estos años, los musulmanes, iconoclastas e intransigentes con los símbolos budistas, cortaron algunos detalles de las estatuas, en su mayor parte las características faciales y manos. De hecho al Salsal, le fue completamente destruida su cara durante una campaña militar del rey afgano Abdur Rahman Khan contra la rebelión de Shia Hazara, hecho que fue pintado por el francés Dureau en 1847. Desafortunadamente este lugar ya no se encontraba en condiciones óptimas, pues a lo largo de la historia había sido insistentemente deteriorado, y los Budas habían sufrido ataques por parte de los mogoles y los persas, que usaron artillería pesada para intentar destruirlos, lo que consiguieron sólo parcialmente. Pero en 2001, después de sobrevivir casi intactos durante 1.500 años, fueron bombardeados y destruidos. El gobierno islamista talibán decretó que las estatuas eran ídolos, y por tanto contrarias al Corán, y fueron completamente destruidas con dinamita y disparos desde tanques. En marzo, los dos Budas más grandes eran demolidos por los “Señores de la Guerra”, ante la mirada atónita pero impotente de occidente. Aunque las figuras de los dos Budas grandes fueron completamente destruidas, sus contornos y algunas características son reconocibles dentro de sus nichos, y la exploración de las cuevas de los monjes y los pasadizos que conectan con ellas aún es posible.
Grabado representando Bamiyán, de 1885
Vista desde una de las cuevas pintadas
Las cuevas de los monjes. Como hemos dicho, los monjes de los monasterios vivían como ermitaños en pequeñas cuevas talladas a los lados de los acantilados de Bamiyán, conectados con los grandes Budas, y muchos de ellos embellecieron sus paredes rocosas con estatuas religiosas de diferentes tamaños y sobre todo, con hermosos frescos brillantemente coloreados, aún visibles hoy en día, de incalculable valor artístico aunque muchos en un avanzado estado de deterioro. Después del triste suceso de marzo del 2001, cincuenta cuevas más que no eran conocidas, fueron descubiertas. En un proyecto de la Unesco para evaluar la preservación y restauración del sitio después del bombardeo, un equipo de investigadores japoneses, franceses y estadounidenses encontró que en algunas de esas cuevas que rodean los huecos donde estaban las estatuas, hermosas pinturas que representan budas cruzados de piernas, árboles y animales mitológicos se encontraban intactas, indemnes a veintidós años de guerras. En total, menos de un 25% de las pinturas en las 25 grutas con pinturas rupestres situadas en los valles de Bamiyán, Foladi y Kakrak, que forman parte del sitio de Bamiyán, están a salvo, por ello, este descubrimiento fue de vital importancia. Se efectuaron en esa ocasión trabajos de documentación e inventarios de las pinturas, y de datación de las mismas (descubriendo que habían sido realizadas entre los siglos V y IX d.C., utilizando resinas naturales, proteínas, gomas, tinta a base de óleo y barniz resinoso, lo que las convierte en las pinturas al óleo más antiguas del mundo), así como recogida de fragmentos desprendidos de las paredes rocosas.
Pinturas en el interior de una de las cuevas de Bamiyán
El camello y el burro, los animales mejor adaptados y más comunes en el país
Minoría chiíta: los hazaras. Los habitantes de las cuevas de Bamiyán, unas doscientas familias, aunque no se sabe con exactitud el número, se encuentran entre los habitantes más pobres del país, sobre todo, después de la destrucción de su más importante fuente de ingresos: los Budas. Siendo un grupo minoritario del país, constituyen la gran mayoría en Bamiyán, y muchos piensan que los talibanes no destruyeron los Budas por ser íconos religiosos no islámicos, sino para dejar a los hazaras (chiítas) sin su patrimonio cultural y principal medio de vida, y empobrecerlos aún más, por no considerarlos afganos (suníes). En definitiva, como una manera de hacer “limpieza étnica”. Poco se sabe de sus orígenes, aunque se cree que descienden de Gengis Khan, cuyas tropas invadieron la región a principios del siglo XIII. Son personas maravillosas, ancianos de largas barbas blancas con bebés al cuello, mujeres de coloridos vestidos y velos largos con sacos en la cabeza, niños jugando a la pelota a pie descalzo, gentes simples, rurales, genuinas, hospitalarias, y con una fe indestructible, casi perturbadora, de voz serena y resistente, que nos transporta a un mundo del ayer. Algunas viven en chozas achatadas, cubiertas de una tierra que las mimetiza con el entorno árido de poco verde y mucha cima abrupta que recorta el vasto paisaje como una cuchilla. La mayoría de las miles de cuevas son artificiales y algunas están maravillosamente decoradas por los monjes budistas de antaño, y espesas como el tiempo, nos murmuran una historia increíble, interesante, milenaria que nos hace sentir muy pequeños al pensar cómo aquellas lejanas gentes pudieron habitar, embellecer y conquistar tan inhóspito territorio.

Análisis de las pinturas de una de las cuevas
¿Restaurar o no restaurar? En 2011, en su reunión de Tokio, la Unesco decidió que los Budas no debían ser restaurados, argumentando que el “vacío” era la verdadera escultura, su ausencia, sería el mejor recordatorio de una barbarie. Tampoco parecía factible que pudieran ser reconstruidos a partir de los aproximadamente mil cuatrocientos fragmentos sobrevivientes a las explosiones. Sin embargo, un equipo de arquitectos, geólogos y restauradores pertenecientes a la división alemana de Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Histórico-Artísticos), dirigidos por el arquitecto alemán Georgios Toubekis, lo hicieron por su propia cuenta y riesgo, reconstruyendo las piernas  y los pies de la estatua más pequeña, de 37 metros, usando ladrillos, cemento y tubos de acero, lo que según los expertos, ha causado daños irreversibles. Por lo visto el proyecto de restauración, que en principio estaba dirigido a un trabajo de consolidación del sitio para mayor seguridad de los visitantes, fue puesto en marcha sin la autorización del gobierno afgano, y en estos momentos se encuentra en fase de ser detenido. Otros Budas. En noviembre de 2008, el arqueólogo afgano Zemaryalai Tarzi encontró una estatua de un "buda dormido", de 19 metros, desconocida hasta ese momento, y en la actualidad está buscando otra estatua legendaria de 300 metros de largo, "buda tumbado", que el peregrino chino Xuanzang mencionó en sus relatos. En el 2002 en Sri Lanka se esculpieron estatuas de Buda labradas en la montaña imitando la más grande de las bombardeadas de Bamiyán. El gobierno afgano ha comisionado al artista japonés Hiro Yamagata para recrear los Budas de Bamiyán usando catorce sistemas de láser que se alimentan de energía solar y eólica, proyectando las imágenes de los Budas en los acantilados donde éstos estaban labrados. Existen además, por supuesto, otros Budas en el valle, pero los dos destruidos eran los más emblemáticos.




1 comentario:

  1. É uma pena que a imbecilidade de fundamentalistas religiosos tenha destruídos os budas de Bamyan

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